La Avenida Central es el corazón histórico de la Ciudad de Panamá, con más de 350 años de cultura, comercio y vida urbana. Hoy vive una nueva etapa de revitalización, donde historia, comunidad y energía contemporánea se unen para redefinir una de las calles peatonales más icónicas del país.
La Avenida Central ha sido la columna vertebral activa de la Ciudad de Panamá durante más de trescientos cincuenta años. A lo largo de ese tiempo, ha sido un camino colonial, un corredor de tranvía, un distrito comercial comparable con cualquiera de Centroamérica, una vía peatonal, un espacio público disputado y hoy el foco del esfuerzo de rehabilitación más importante que ha tenido en una generación.
Ha sido testigo del Imperio Español, la fiebre del oro de California, dos guerras mundiales y prácticamente todos los eventos políticos importantes en la historia del país.
Cuando la Ciudad de Panamá fue refundada en su ubicación actual en 1673, después de que piratas e incendios destruyeran la primera ciudad, el nuevo asentamiento amurallado era compacto: unas pocas manzanas de piedra y madera frente al Pacífico. La Avenida Central comenzó, en esencia, como el camino de salida. Se extendía hacia el noreste desde las puertas de lo que hoy es el Casco Antiguo, atravesando terrenos abiertos que, durante los siguientes dos siglos, se convertirían en los barrios de Santa Ana y Calidonia.
El evento decisivo fue el Ferrocarril de Panamá. Construido entre 1850 y 1855, la primera línea transcontinental del mundo desarrollada durante la fiebre del oro de California, transformó a la ciudad de un punto provincial en un nodo global de tránsito, conectando directamente su terminal con la Avenida Central. Los comerciantes llegaron, se abrieron tiendas y para finales del siglo XIX, panameños de origen francés, chino, italiano, judío, libanés y sirio comerciaban a lo largo de la avenida.
La Avenida Central dejó de ser solo un conector y se convirtió en el primer gran distrito comercial de la ciudad.
Durante casi medio siglo, si querías ir de compras en la Ciudad de Panamá, tomabas el tranvía. La línea tirada por mulas comenzó en 1893 y la versión eléctrica llegó en 1913. El tranvía recorría la Avenida Central, atravesando Santa Ana y Calidonia, transportando costureras, banqueros y estudiantes frente al Teatro Edén, el Cine Central, Félix B. Maduro, Bazar Francés y Casa Fastlich.
Los fines de semana, la avenida era el lugar para ver y ser visto: caminar, mirar vitrinas, tomar café, encontrarse con amigos y discutir política. Todo el ritual social giraba en torno a la Central.
El tranvía desapareció en 1941, reemplazado por autobuses bajo el gobierno de Arnulfo Arias. En su momento pareció una decisión moderna; hoy se entiende como el inicio de un patrón: la fascinación por el automóvil en América, cuyo costo urbano siempre se paga después.
Aun así, la avenida mantuvo su dinamismo. En los años 50 y 60, seguía siendo la calle principal de la ciudad. Bancos, joyerías, sastrerías, tiendas por departamento y cines conformaban una vida urbana completa que ocurría a pie.
Luego llegaron los centros comerciales. El declive de la Avenida Central en los años 70 y 80 no fue realmente sobre la avenida, sino sobre otros lugares como Vía España, Multicentro, Multiplaza y Albrook. La clase media eligió el aire acondicionado y los estacionamientos, y el centro histórico perdió primero a sus consumidores, luego su confianza y finalmente parte de su infraestructura.
En Panamá, esto se combinó con factores políticos. Los años de Noriega afectaron la inversión y la invasión de 1989 dejó zonas cercanas en ruinas. Para los años 90, la avenida seguía funcionando, pero ya no era vista como un activo urbano.
En 1991, la avenida se convirtió en una vía peatonal entre Plaza Santa Ana y Plaza 5 de Mayo. La Peatonal, como se le conoce, sobrevivió sin convertirse completamente en el ideal esperado, pero se mantuvo como uno de los pocos espacios donde la ciudad seguía viviéndose a pie.
En 2007, cuando se intentó reabrirla a vehículos, los ciudadanos lo impidieron. Para entonces, la calle ya había cambiado culturalmente y no podía volver atrás.
La década de 2010 fue compleja. El flujo de personas seguía siendo alto, pero los comercios tradicionales desaparecían y las fachadas se deterioraban. La avenida no murió, pero dejó de prosperar.
Aunque existían leyes de protección patrimonial, estas no eran suficientes para incentivar inversión. Se realizaron algunas mejoras, pero no las necesarias para una transformación real.
A mediados de la década de 2020, dos factores cambiaron el rumbo. El primero fue una nueva visión municipal que decidió tratar la Avenida Central como un activo patrimonial. En 2025 se establecieron lineamientos arquitectónicos y en 2026 comenzaron programas de restauración de fachadas.
El segundo fue la llegada de inversión privada significativa. Proyectos como Gran Central marcan una nueva etapa, apostando por la revitalización urbana a gran escala.
La combinación de voluntad pública y capital privado es lo que históricamente ha permitido que estas transformaciones ocurran.
Panamá no es el primer país en revitalizar un corredor histórico. Casos como Copenhague, Santa Mónica e Estambul demuestran que una calle peatonal no es una calle fallida, sino muchas veces una calle que no ha recibido una segunda oportunidad bien ejecutada. Cuando esto sucede, los resultados pueden durar décadas.
Para la Ciudad de Panamá, la Avenida Central está destinada a convertirse nuevamente en un punto de referencia: el lugar que conecta el distrito histórico y, al mismo tiempo, un destino en sí mismo. Una experiencia urbana abierta, viva y necesaria para la ciudad de hoy.
